Tica Pata'e Perro

Perdida y hallada y vuelta a perder en París. I Parte

¿Cuántas veces puede perderse uno en la misma ciudad? ¿Les ha pasado? Cuando estaba planeando mi viaje a Europa hice la reservación de tren Barcelona-París con anticipación y recuerdo que ese fue el único que reservé desde Costa Rica. Escogí tren y no avión porque no soy muy fan de los aeropuertos y aunque el vuelo es más rápido, preferí disfrutar de la vista que el tren me ofrecía de cada pueblo por el que pasaba.

No puedo describirles la emoción que sentí cuando el tren hizo la última parada a eso de las 4:30 de la tarde y en alta voz escuché Bienvenue à Paris. ¡Mi encuentro con la dama de hierro era cada vez más cercano! El plan era llegar al hostal tipo 5:30 y salir a caminar por los alrededores, comer algo y si tenía chance ir más hacia el centro. ¡Ajá! Lo primero que hago es buscar un baño porque a doña vejiga no se le antojó en el tren, pero sí al llegar y cuando ya me había bajado. Caminé tamaño trecho y ni’miersh.

¡Ta’bien! Me la juego hasta llegar al hostal porque de por sí es cerquita, con eso de que los trenes aquí son muy rápidos… Por cierto, amigas lectoras, si a ustedes les salen con el cuentazo de que las van a dejar el tren, viera que en “las uropas” a cada ratico pasan, usted se baja de uno y a los 3 minutos le cae el siguiente. Pero no nos desviemos.

La cuestión es que no encontré baño y decidí irme para el hostal. Le pregunté a un oficial vous parlez espagnol y me dice “un poquito” (¡Ayyyy! ¡Alabao!) Le muestro la dirección a la que iba y logró indicarme (en un español igual de pobre que mi francés) que tenía que bajar las gradas, doblar (señala con la mano) y comprar el boleto. Camino hasta las gradas, las bajo maleta alzada y llegando abajo… ¿Para dónde señaló el maje? ¿Derecha o izquierda? Agarré para la derecha y parecía que iba contra vía, entonces me devolví, pasé por las gradas, seguí derechito un buen rato pero ni costra de boletería. Un poco más adelante veo unas gradas, las subo y taraaaaaann… llego al mismo lugar donde me bajé del tren. ¡Gracias!

En vez de devolverme y bajar las cabronas gradas, sigo caminando y le pregunto a otro oficial, pero ni hablaba español ni inglés y tampoco sabía que tren tenía que coger. Este doncito le pregunta a una pareja de señores que estaban por ahí y yo solo los veía discutir y señalar diferentes lados. Por fin se ponen de acuerdo y a punta de señas me dice que me tengo que devolver, bajar las gradas (otra vez) y que a la vuelta estaba la boletería, que pregunte ahí. Digo yo que eso fue lo que dijo porque no le entendí nada, pero bueno… Me devuelvo, bajo las (…) gradas, sigo caminando otro tanto más y la dichosa “a la vuelta” parecía Guanacasteca, pero por fin la encontré.

¡Eeeeehhh! ¡Ya compré mi boleto de tren válido por 24 horas y me regalaron un mapa! También el francesito guapo que me atendió me señala hacia donde podía tomar el tren que necesitaba (¡porque son chorrocientos los que pasan!) y en un inglés poco entendible me dice que baje las gradas y lo espere ahí. ¡Qué bien!

Voy siguiendo el mapa, me fijo donde me encerró en un círculo el nombre del tren que tenía que agarrar y lo comparo con el nombre que tenía al frente y ¡Sí! ¡Ese era! Sólo que había un pequeño detalle… Habían dos salidas: derecha e izquierda. ¡Me lleva puta! Una venía y la otra iba de ese lugar donde estaba mi baño, digo, mi hostal.

Para ese entonces ya mis ganas de orinar se intensificaron, sumando el hambre, el cansancio y por si fuera poco la frustración. ¡Todo un combo! No puedo imaginar la cara que podía tener en ese momento.

Y justo antes de hacer de tin marin para decidir cuales gradas bajaba primero, aparece un ángel (que más bien parecía el demonio de la tentación carnal de lo guapo que estaba) y me hace la pregunta del millón: ¿Está perdida? (mi mente en ese momento dijo ¡No! Si es que además de divino, adivino el mae!) Limitando a mover la cabeza afirmativamente le señalo en el mapa el lugar al que me dirigía y le explico que no sabía cuál era la salida correcta.

Muy amablemente me dice que lo siga, y ya para ese momento a todo el combo mencionado anteriormente lo estaba apaciguando los malos pensamientos hacia ese rubiecito que iba justo delante de mío. Al final de las gradas, que por dicha ésta vez eran eléctricas, me indica que debo esperar el tren amarillo número qué sé yo, bajarme en la estación X.

Le dije que no tenía cómo agradecerle (mentira, sí tenía, pero bueno…) En menos de 5 minutos ya estaba montada en el tren y ya ahí era muuuuucho más fácil ubicarme para bajar.

Para cuando llegué al hostal eran casi las 8pm. Hice el check in, fui al baño y salí a cenar a la sodita que estaba justo al lado. Ya no quería caminar más, solo dormir y de momento olvidar el trajín en la estación de tren. Confiar en que todo sería distinto al día siguiente, cuando estuviera frente a la Torre Eiffel.

Continuará…

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