Tica Pata'e Perro

Cartagena: mi primer vuelo

Cartagena fue la ciudad que escogí para mi primer viaje en avión. A pesar del calor disfruté cada sitio, cada rincón y cada segundo pero como todo principio tiene un final, tocó regresar a casa con muchísimas fotos, algunos «souvenirs» e incontables recuerdos que hasta el día de hoy viven en mi retina. Las anécdotas también estuvieron a la orden del día.

Ese día no fue la excepción al calor así que decidí ponerme sandalias y «shores» (shorts, pantaloneta como se dice en otros países… bueno, también como lo dice la gente no tan pachuca de C.R)

El asunto fue que a pesar de mis escasas ropas, los señores de la aduana decidieron hacerme una requisa más profunda tipo Alerta Aeropuerto (desconozco si salí por tele, pero por cualquier vara yo era la de blusa de rayas azules con blanco) y me pasaron al cuarto donde tienen el escaner gigante de cuerpo entero, me hicieron un par de preguntas a las que contesté con toda tranquilidad porque tengo la conciencia tranquila -por lo menos con respecto a lo que me estaban preguntando- y luego me dejaron pasar a la sala de espera.

Fueron sumamente amables, no puedo quejarme, a pesar de que la experiencia en sí da sustillo. ¿Cómo me iba a imaginar en ese momento que no seria la única ni última vez que «la Migra» me interrogaba? En fin…

En el intento de volver desde Cartagena a Tiquicia, el vuelo se desvía pa’l norte porque había un temporal de aquellos… Esperando en el aeropuerto de Managua a que el piloto diera señales de vida, la comunidad Tica que venía en el avión empieza a hacerse presente con la tradicional «chota»:

-¡Patí’ hay! ¡Patí’ hay!

-¡Lleve yuca, lleve plátano, chicharrón!

-¡hay gelatina! ¡Boli-helado!

De repente otro Tico le sigue la corriente y se pone a cantar: «¡Chófer, chófer, más velocidad! Métale la pata y verá como se va!» (¡doble puntaje si usted lo leyó cantando! jajaja) Y por allá salió uno imitando el alta voz diciendo; «¡Estimados pasajeros, les habla su Capitán para preguntarles qué prefieren, ¿Flor de Caña o de contrabando?!»

Obviamente yo no podía quedarme sentadita y calladita. Me levanté de mi asiento tratando de no incomodar a los gringos que venían a la par y les dije que por lo visto no nos iban a dar más comida, así que «con permiso, pero voy sacando el pollo de bombillo que traigo en la maleta de mano».

Y mientras todo el mundo en ese avión tenía cara de burro en lancha, ¡Aaaaah! ¡Los Ticos estábamos a carcajada limpia! Las 2 horas pasaron volando y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en casa
¡Qué tuanis ser Tico!

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